Los buenos aprendices no siempre aprenden rápidamente. La capacidad de vivir en la niebla, de tolerar la confusión, de atreverse a esperar en un estado de incomprensión, mientras la claridad de una idea toma tiempo para formarse, es un aspecto vital del aprendizaje. En este contexto, más lento significa con frecuencia más hábil. Los buenos aprendices son, por lo general, personas que no dan respuestas rápidas. Son capaces de tocar el fondo de las cosas y salir con soluciones que son de verdad eficaces, más que convencer superficialmente.
En nuestros impacientes tiempos, se supone siempre que más rápido es mejor y que si podemos acelerar el aprendizaje, debemos hacerlo. "Rápido" se usa mucho como sinónimo de brillante, o listo, mientras que "lento", sobre todo en educación, es el eufemismo utilizado para no decir francamente tonto. Pero al crecimiento no se lo puede empujar: las formas más profundas de crecer y aprender, suelen tardar en madurar.
Vía: Club de la Efectividad
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