Acuerdo mutuo. El liderazgo no puede existir en el vacío. Por definición, requiere de los otros, de aquellos que van a ser liderados. Para que el liderazgo sea respetado, efectivo y duradero tiene que ser mantenido de mutuo acuerdo. Es la antítesis de la dominación y se fundamenta en los principios que hacen ganarse el respeto y el seguimiento de los demás.
Experiencia. El liderazgo necesita de personas decididas, enérgicas. Por eso es esencial que los líderes conozcan a la perfección el terreno en que se mueven. En tiempos de crisis, la experiencia es un grado. Así, los soldados en situaciones de combate prefieren seguir a los veteranos, con muchas batallas a sus espaldas, antes que a aquellos que sólo conocen la teoría y nunca se han enfrentado a peligros auténticos.
Mostrar interés. Los líderes tienen que mostrar afecto e interés por los que están bajo su responsabilidad, ya que la lealtad exige el ser apreciado en su justa medida. Los líderes que solo buscan su propio beneficio económico a corto o largo plazo, la consecución de mayores cotas de poder o prestigio y el reconocimiento social, están condenados al fracaso.
Riesgo. Una encuesta realizada en 2004, entre las 1.000 firmas de mayor facturación en los Estados Unidos, reveló que 3 de cada 5 ejecutivos no quería llegar a dirigir la empresa para la que trabajaba. Esa cifra representaba el doble de la reflejada en la misma encuesta cuatro años atrás. La gente no quiere asumir riesgos, pero es precisamente en ese terreno resbaladizo, donde el éxito nunca está asegurado de antemano, donde surge la raza del verdadero líder.
Errores. Para un buen líder, los errores no representan una contrariedad. La calidad del liderazgo se mide por cómo se identifican y corrigen esos errores y por la capacidad de traducir las equivocaciones en nuevas oportunidades. En palabras del 26º Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt: "No cuentan los que hacen críticas... La credibilidad es de los que están en la arena, aquellos que tienen la cara manchada de polvo, sudor y sangre; de quien, en el mejor de los casos, conoce al final el triunfo de un gran logro y, en el peor, si falla, al menos lo hace entregando lo mejor, sabiendo que su terreno nunca será compartido con aquellas frías y tímidas almas que nunca conocerán lo que es la victoria o el fracaso."
Confianza en sí mismo. El autentico líder atesora enormes dosis de confianza en sí mismo. El creer en uno como persona, el no dejarse influenciar por las emociones incontrolables del momento y el intentar sacar a la superficie el coraje y las fuerzas ocultas que todo ser humano lleva dentro, proporcionan la energía suficiente para liderar. Todos guardamos reservas de energía en nuestro interior que surgen cuando las dificultades se presentan y cuando el verdadero carácter del líder hace su aparición.
Humildad. En la sociedad individualista en la que vivimos, donde nadie da nada a cuenta de nada, la humildad es otro ingrediente del auténtico liderazgo. Hay que dejarse aconsejar y reconocer así el valor de lo que otros aportan para encontrar las soluciones idóneas a las dificultades.
Sinceridad. Los líderes tienen que ser francos y sinceros con aquellos a los que pretenden dirigir. Compartir las buenas noticias es sencillo, pero cuando surgen los contratiempos hay que comunicarlos con naturalidad y responsabilidad, sin esconder información adversa a los subordinados con el simple propósito de quitarse los problemas de encima.
Compromiso. Desgraciadamente, muchos de los comités de dirección de hoy en día no pasan de ser meros clubes sociales poco preocupados por proteger los intereses a largo plazo de los accionistas a los que representan. El líder debe comprometerse con energía con ellos y huir de la tentación de concentrarse en sus ganancias a corto plazo, su jubilación o el prestigio asociado con la dirección de la empresa.
Respeto. El liderazgo es un privilegio. Aquellos que son elegidos para liderar saben que pueden esperar la entrega de sus subordinados. No es extraño ver cómo muchos empleados cambian de empresa, renunciando incluso a parte de su salario, a cambio de encontrar líderes a los que poder admirar y respetar.
Coraje. El coraje es el factor más importante a la hora de definir el liderazgo. En palabras de Winston Churchill, "el coraje es la primera de las cualidades humanas, porque es la que garantiza la existencia de todas las otras". La mayoría de la gente sabe lo que está bien y lo que no. Sin embargo, no actúa con decisión porque no tiene la valentía suficiente para enfrentarse con las situaciones difíciles y los retos que aparecen en la vida diaria.
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