miren este reportaje que lei en America Economia, como con redes y sin mucho dinero, se pueden realizar avances tecnologicos...
Cerebros en línea
¿Cómo lograr que los avances biotecnológicos no queden sólo en la cabeza de un investigador? Con redes virtuales.
Juan Pablo DalmassoRosario
En diciembre de 2001, la adrenalina de la argentina Mariana Giacobbe alcanzaba su punto más alto. Los mayores productores agrícolas de su país, los mismos que impulsando la siembra directa y los transgénicos habían duplicado la frontera agrícola en los 90, le encomendaban la gerencia general de un proyecto ambicioso: Bioceres, una empresa con la que querían saltar al mercado biotecnológico y garantizarse una posición de vanguardia en los agronegocios. “Me pedían nada más ni nada menos que gestionara la tecnología con la que trabajará el campo durante el siglo XXI”, dice Giacobbe.Tres años después, Bioceres marcha a convertirse en caso líder del campo latinoamericano de avanzada. Con inversiones de apenas US$ 530.000, la compañía desarrolla cuatro proyectos de semillas genéticamente modificadas: un maíz resistente al mal de Río Cuarto –una enfermedad endémica para el grano del centro de Argentina–, una soja con un gen fungicida y otros dos cultivos resistentes a la sequía. En paralelo, en Biointa, un emprendimiento que maneja junto al estatal Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), Bioceres está conversando con inversionistas para obtener US$ 1 millón que financie por 10 años nuevas variedades de trigo y una red de distribuidores comerciales que ya comenzó a tomar forma este año. Además, tiene otros cinco cultivos biotecnológicos a punto de salir al mercado, la mayoría enfocados en resistencia a hongos y factores climáticos. Y hay más. El mayor proyecto de Bioceres está detrás de las puertas del Instituto de AgroBiotecnología de Rosario (Indear). El Indear es promocionado por el Inta y el también estatal Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), pero sus promotores son Bioceres y otra estrella biotech argentina, Biosidus, creadora de las primeras vacas transgénicas que sintetizan hormonas contra el enanismo hipofisiario. Ambas compañías están invirtiendo US$ 5 millones para que el Indear provea infraestructura de última generación a, inicialmente, 100 investigadores del Conicet que desarrollarán nuevos agroproductos biotecnológicos. Pero no se confunda: Bioceres no es una compañía enfocada en producir transgénicos. Es más que eso. Para empezar, es una empresa virtual, casi sin estructuras propias, y se autodefine como una gerenciadora de proyectos de investigación. Y eso, básicamente, quiere decir que Bioceres verifica la factibilidad legal, técnica y comercial de cada proyecto y, a la vez, arma una trama de asociaciones que une a investigadores con inversionistas para sumar vendiendo cuotas-parte, como en un fondo de inversión. RED DE REDES. Sacando cuentas, posiblemente sean muchos frentes para una empresa joven que nació con tan poco dinero, pues, al fin y al cabo, el mercado biotecnológico está dominado por gigantes globales como Monsanto, DuPont o Basf. Quizá. “Pero si algo convirtió a Bioceres en una referencia es la eficiencia de su pequeña estructura de sólo 10 ejecutivos”, dice Héctor Ordóñez, director del Programa de Agronegocios y Alimentos de la Universidad de Buenos Aires. “Ellos poseen la flexibilidad, capacidad de aprendizaje y visión multidisciplinaria para fomentar la innovación y trabajar de cara al mercado”. A junio pasado, la red tejida por Bioceres contaba con 120 inversionistas, 40 investigadores del Inta y el Conicet más el respaldo de las universidades nacionales de Buenos Aires y El Litoral. A nivel internacional, la compañía se vinculó con la Universidad de Columbia para modificar genéticamente un tipo de soja y con el Consejo Nacional para la Investigación Científica de Francia para desarrollar cultivos resistentes a sequías. Asociado a eso, en las cercanías de su mínima oficina central, en Rosario, están pasando cosas más grandes. Por un lado, Rosario está consolidando un Polo Biotecnológico que comprenderán el Indear y los centros de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos, el Instituto de Biología Molecular y Celular y el Centro Binacional Argentino-Español de Genómica Vegetal. Todos ellos tienen una nutrida agenda de investigaciones y, en conjunto, reúnen no menos de 400 investigadores. “Todo esto abrirá nuevas posibilidades de complementación que las empresas ya están delineando”, dice Hemergildo Cercatto, titular del Cerider, la entidad que cobija al Polo. Alianzas al margen, la semilla de donde surgió la compañía virtual es toda una fortaleza, pues, dice su presidente, Gustavo Grobocopatel, ellos conocen de cerca a los productores. Casi la totalidad de los 74 accionistas de Bioceres son empresarios agropecuarios. Y no son niños pequeños. Sólo entre Los Grobo, propiedad de Grobocopatel y una de las más poderosas gestoras agrícolas latinoamericanas, La Redención/Sofro, comandada por el vicepresidente de Bioceres, Rogelio Bogante, y El Tejar, del inversionista Óscar Alvarado, manejan más de 200.000 hectáreas en las zonas más productivas de Argentina, Bolivia y Brasil. Ahora, ¿es todo tan fácil? Claro que no. El dinero es un problema, por lo que la empresa aún tiene las puertas abiertas para sumar accionistas e inversionistas, reconoce Giacobbe. Bioceres lleva tres años de pura inversión y, salvo el proyecto Biointa, que esta temporada tendrá sus primeras ventas, los demás emprendimientos aún requerirán varios años de pruebas de campo, estudios de impacto ambiental y sanitario y la aprobación de los organismos gubernamentales para salir al mercado. Entonces, ¿cómo hizo Bioceres para tentar a los inversionistas? En buena medida, que la empresa sea una alianza entre productores agrícolas de peso e institutos estatales de reconocida calidad es hablar de lo más granado del campo argentino. Muchos confían en eso, pero también en que Bioceres les ha puesto la zanahoria delante del caballo hambriento, pues los desarrollos que promueve están en línea con los más novedosos desarrollos biotecnológicos globales: los transgénicos de segunda y tercera generación. “Es todo muy nuevo y hay muy poco en el mercado”, dice Giacobbe. “Ahora lo que se viene son los cereales funcionales para la salud, los biocombustibles, los bioplásticos y ahí tenemos todo por hacer”.EL TIGRE GENÓMICO. Bioceres tiene un homólogo brasileño, aunque no privado sino estatal. En 1997, la Fundação de Amparo à Pesquisa del Estado de São Paulo (Fapesp) lanzó la red de Organizaciones para Secuenciación y Análisis Nucleótido (Onsa, por sus siglas en inglés), un instituto virtual para desatar el genoma brasileño. En la práctica el Onsa emula al poderoso Instituto para Investigación Genómica estadounidense (TIGR, por sus siglas en inglés), referencia mundial en investigación genética.Fapesp formó el Onsa poniendo en línea 34 laboratorios paulistas y centros de investigación conectados por una red virtual de intercambio de datos e informaciones que está permitiendo la división de tareas en el secuenciamiento de ADN a gran escala. La centralización del proyecto, que demandó una inversión inicial de US$ 10 millones, es realizada por el Instituto de Computación de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). “La red nació para poner a Brasil en el mismo camino de los países desarrollados”, dice el profesor José Fernando Pérez, ex presidente de Fapesp y creador del Onsa. “Dadas su biodiversidad y complejidad social y de salud, la biotecnología era un nicho en el que Brasil precisaba actuar de forma urgente”.
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