Si discuten, están planteando una "lucha a ciegas", donde tanto usted como su su interlocutor sienten que ponen en juego toda su "persona"... en lugar de su discurso.
Para bien o para mal, la comunicación necesita apertura. Si no tenemos en cuenta el punto de vista del otro y aprendemos a detener nuestro deseo de "tener razón", nuestras discusiones terminarán con personas encerradas como ciudades sitiadas: que esperan que el otro se canse y se vaya... o rindiéndose por no poder aguantar más.
Vía: Club de la Efectividad
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