Este post corresponde a Claudio Román, un asesor de empresa chileno que se encuentra en México, donde ejemplifica muy bien como el Lenguaje es un elemento esencial en nuestras vidas, en relación a demostrar que los hechos y observaciones que uno hace son relativas, lo cual, el conocimiento verdaderamente objetivo, siempre ha sido un sueño.
Los hechos no tienen significado
En nuestra la vida cotidiana, vivimos con la ilusión de la “objetividad”, ya expuse una crítica a esta concepción de mundo en una conversación anterior, sólo mencionaré ahora que nuestros esquemas explicativos nos llevan a pasar por alto y trivializar muchos aspectos de nuestras vidas e interacciones, así como inmensos misterios y evidentes inconsistencias. Comprendernos como personas, en el mundo actual, requiere un entendimiento revisado, que rompa con la tradición interpretativa en la cual vivimos, que no sólo tome en cuenta el mundo de las fuerzas, colisiones e impactos usando como metáforas a las teorías de Newton, sino también el mundo de las palabras, los símbolos y los significados.
Consideremos al lenguaje como un elemento esencial de los sucesos de las personas. Podemos explorar en un conjunto de principios coordinados para explicar el alcance total de la conducta humana, desde lo celular hasta lo comunal y evolutivo (ve las conversaciones en torno a lenguaje en el este blog). Este cambio de enfoque, implica una nueva orientación hacia ideas sobre la naturaleza de la realidad humana, el intercambio de información, el ejercicio de la influencia social y el proceso de cambio.
Observar el mundo y nuestras vidas
Reconozco que nuestras vidas se desarrollan principalmente en un mundo de significados, en “conversaciones”. Las personas crean vidas significativas al hacer distinciones y compartir narrativas. Queramos o no, vivimos en un mundo de lenguaje y no en un conjunto de hechos y observaciones. En el uso del lenguaje se crean los significados. A pesar de que nunca nos hemos separado de nosotros mismos, el lenguaje nos permite hacerlo. Creamos un “observador”. Hemos llegado a creer firmemente en nuestras auto-observaciones individuales y colectivas. Nunca podemos aprehender al mundo como un todo simultáneo. Para “verlo”, utilizamos el lenguaje, para dividirlo en cosas, objetos y causas.
Nos acostumbramos tanto a las partes que llegamos a pensar que son intrínsecas a la naturaleza. No podemos imaginar otra forma de observar. Vemos al mundo sólo en función de nosotros mismos. Por eso debemos utilizar entre comillas términos como “realidad”, “objetividad”, etc. Debemos recordar que lo que creemos conocer está determinado por las necesidades de nuestra propia situación. El conocimiento verdaderamente objetivo, siempre ha sido un sueño.
Lenguaje y relatos
Cuando las personas tienen la oportunidad de relatar una historia con todos sus detalles, su relación con esto cambia. Adoptan el papel de relator. Se reconoce que el relator y la historia no son idénticos, en lugar de “ser” la historia comienza a “tener” una historia. El relator se convierte en el marco dentro del cual suceden todas estas historias. Como relator, la persona comienza a generar un sentido de dominio sobre lo que está relatando.
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