La educación del futuro (o del presente) se realizará por medio del “Aprendizaje basado en la realidad virtual”, que significa esto los mundos virtuales serán el entorno de aprendizaje del futuro próximo, dado que los niños, los “nativos digitales”, muestran una preferencia clara por estos entornos y esta tendencia parece imparable. Algunos ejemplos de estos los entrega Juan Freire en su blog:
El escritor Santiago Rocangliolo que nos recomienda que Eduque a su hijo con PlayStation. Propone tres ejemplos de videojuegos educativos (en este caso “estándar”, ninguno de ellos son mundos virtuales): Darfur is Dying, que permite involucrarse en la vida real de un campamento de refugiados en Sudán, y Peacemaker, ambientado en Oriente Medio y autodefinido como un “videogame to teach peace”, son productos de mtvU (una división de MTV); por el contrario Food Force, el videojuego sobre ayuda humanitaria, ha surgido desde Naciones Unidas (ya hablamos de este juego hace bastante tiempo). Los ejemplos son especialmente interesantes por que muestran la emergencia de productores de las nuevas herramientas educativas muy alejados del mundo educativo tradicional.
Rocangliolo acaba de denunciando el poder de “lo políticamente correcto” que ahoga a la literatura para niños, mientras que parece ser totalmente ineficaz en la “censura” de los videojuegos (por suerte para los niños y, sobre todo, para los niños jugadores). La lucidez de Rocangliolo le permite identificar a los verdaderos culpables de que la literatura pierda adeptos en lugar de criminalizar a los videojuegos (como es habitual en buena parte de la sociedad):
Mientras tanto, los autores de libros para niños nos enfrentamos a nuestras bestias negras: los psicólogos escolares. En muchos países, los educadores exigen que las niñas de los cuentos tengan un comportamiento intachable, para no reforzar estereotipos de género. Tampoco puede haber adultos malos porque eso debilita el vínculo familiar. Y los niños de ninguna manera pueden portarse mal, que luego los pequeños lectores imitan todo. La educación trata de librar a los libros de impurezas como botellas, cigarrillos, faldas demasiado cortas, gente de mal humor o conflictos mínimamente polémicos. Pronto lograrán su objetivo: que todos los libros para niños muestren un mundo rosa de gente que sonríe dulcemente y se trata bien. Mientras tanto, la realidad seguirá estando en Internet.
Niños, no lean: es aburrido.
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