Dejar hablar a todas las personas es fundamental para el crecimiento de cualquier organización. Pero, de hecho, en las organizaciones se suelen silenciar a las personas que levantan su voz de manera "poco ortodoxa" y a otras voces "originales". Desestabilizan, hacen perder el equilibrio de la organización y la manera más fácil de recuperarlo, es callar esas voces... neutralizándolas en nombre del orden, la jerarquía, o la experiencia.
Los líderes no sólo deben alentar a que las personas hablen, planteen preguntas, den sus puntos de vista, o señalen contradicciones internas de la empresa... sino que tienen que proteger a esas personas. Con frecuencia, ellas tienen la capacidad de conseguir que se piensen las cosas nuevamente. Por lo tanto -como regla de sentido común- cuando la autoridad tienen el reflejo de silenciar a una persona, debe frenar su impulso y preguntarse: ¿Qué nos está diciendo realmente? ¿Hay algo que nos estamos perdiendo?
domingo, mayo 11, 2008
Cantamos a coro y somos solistas...
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