Analizando el tema del sueldo ético, me encontré con el siguiente artículo que apareció en Diario Financiero, donde como conclusión habla que para mejorar este sueldo es necesario mas educación y mas empleos.
En este sentido, creo que deberíamos mantener el acceso a la educación obligatoria, adicionar la educación preescolar, y sobre todo, mejorar la calidad de la educación secundaria; más empleos, creo no es necesaria la leyes que inculcan descansos obligatorios, sino más bien crear las condiciones que nuestros empresarios paguen un precio justo por la productividad de sus empleados y como rol del gobierno, debería crear las condiciones para aumentar los empleos por medio de una flexibilidad laboral.
Más empleo y mejor educación: una respuesta ética a la desigualdad
Luis Larraín
Opino que en la discusión acerca de la desigualdad no es ético ignorar la evidencia científica acerca de las políticas que conducen a las personas a abandonar la pobreza y lograr mayores niveles de bienestar. También es importante mirar los instrumentos de medición con que contamos para realizar ese análisis. La Encuesta Casen 2006, cuyos resultados se acaban de entregar, permite estimar la probabilidad de que un hogar sea pobre en distintos escenarios posibles. Los hogares que cuentan con un jefe de hogar mujer sin pareja tienen la probabilidad más alta de caer bajo la línea de pobreza; sin embargo, ésta disminuye con la escolaridad de la mujer, el tamaño del hogar y la proporción de miembros del hogar que cuentan con una ocupación. Por ejemplo, si la escolaridad de una jefa de hogar aumenta de 8 a 12 años, en un hogar de cuatro personas donde sólo ella trabaja, la probabilidad de que el hogar sea pobre baja de 32,6% a 22,4%, y si la mujer alcanza una escolaridad de 17 años, se puede reducir a 13,2%.
Aunque el aumento de la escolaridad de la población sigue siendo fundamental en el combate contra la pobreza, las mayores oportunidades de empleo para los distintos integrantes del hogar son tanto o más cruciales. En efecto, incluso en un hogar de 4 miembros con jefatura femenina y con 8 años de escolaridad, la probabilidad de caer en la pobreza se reduce de un 32,6% a un 9,3% si dos de ellos trabajan. Es decir, la posibilidad de acceder a un empleo es decisiva para la superación de la pobreza y se transforma en el factor más importante para lograrlo.
La incorporación de las personas al mercado laboral es muy desigual según el nivel de ingreso de la población. Sólo un 43% del primer decil (10% más pobre) de la población potencialmente activa (entre 15 y 65 años) participa en la fuerza de trabajo. En cambio, en el décimo decil la misma proporción es 32 puntos porcentuales más alta (75,2%). Aumentar la tasa de participación entonces, como se llama a esta variable, debiera ser un objetivo prioritario de cualquier política económica. En Chile esta tasa es baja, especialmente entre las mujeres; si bien ha aumentado casi 5 puntos entre 1990 y 2006 para llegar a 43,2%, lo que es muy positivo, sigue siendo baja en comparación a otros países de similar o mayor desarrollo. En este caso, el promedio de OECD es 60%; Nueva Zelanda, un 68%; EE.UU., 70,3%; y Corea, 55%. En países como Brasil es 53% y Colombia 57%.
Otro factor determinante que explica la desigualdad es la escolaridad promedio de los activos e inactivos (que no están estudiando) para cada decil de ingresos. Se pueden apreciar en esta variable importantes diferencias. Así, por ejemplo, en el grupo de menores ingresos la escolaridad es de 8,5 años y al menos un 25% de los que trabajan tiene una escolaridad que no supera los 6 años y un 75% ha completado la educación media. El nivel educacional de los que están fuera de la fuerza de trabajo en ese nivel de ingresos es algo inferior.
La decisión de participar en la fuerza de trabajo está relacionado con el nivel de escolaridad alcanzado. En el décimo decil la escolaridad promedio llega a 14,6 años y a diferencia de lo que ocurre en el primer decil donde casi 75% tiene menos de 12 años de escolaridad, en este decil hay al menos un 25% que tiene educación superior completa.
Una explicación posible para la mayor desigualdad relativa es que el premio a la educación superior sigue siendo muy elevado. Mientras una persona con 12 años de escolaridad obtiene en promedio 90% más que una que no ha cursado ningún año, la que tiene 20 años de escolaridad alcanza 4,9 veces más que la primera en el caso de los hombres y 6,3 veces en el caso de las mujeres. Esta brecha en países desarrollados está entre 1,5 y 1,8 veces. En cambio en Chile el premio a la educación media es bajísimo. Mejorar la calidad de este nivel de acceso es entonces también prioritario y en el caso de la educación superior la clave es permitir mayor acceso.
La recetas parecen entonces claras: más empleos y mejor educación. No hay otro camino, lo demás es demagogia. Mayores salarios llegarán cuando nuestros trabajadores sean más productivos; si ello no sucede, cualquier intento por subirlos, ya sea mediante leyes u otro tipo de intervenciones, será efímero, causará distorsiones en el mercado laboral y llevará a que se empleen menos personas. Esa sí que es una falta a la ética.